Es Enero y desde mi ventana entra
un sol apabullante, pero no lo veo, se esconde en una esquina a pesar de
todo lo que brilla.
Me gusta esa sensación, el calor
que llega a la habitación y hace que los colores brillen.
Lo tengo entre los dedos y se
consume, como mi tiempo y sin embargo, aunque él si se apaga el tiempo sigue consumiéndose,
es como el humo que me rodea y, que al final, desaparece.
Mis sentidos se activan pero el
cuerpo no me responde, los músculos se relajan pero mi cabeza da vueltas como
nunca, pienso tanto que me mareo, a veces creo que, a lo mejor, no es de pensar
tanto.
Veo todo de una forma diferente,
esta locura que tengo entre los dedo me ha mostrado un mundo distinto,
seguramente no sea sano, pero me hace feliz, porque veo la verdad, porque me
miro al espejo y no me disgusta lo que veo, ¿eso es malo?, no, no puedo creerme
que algo que te hace sentir feliz sea malo, porque no es posible, aunque claro,
siempre fui un poco masoquista.
Puede que la vida sea injusta, y
puede que pierda personas por el camino, pero sé que nunca he sido tan feliz, así
que a lo mejor en vez de cambiar para hacer feliz a los demás, a lo mejor lo
único que tengo que hacer es ser yo misma, consumirme como el papel entre mis
dedos y desaparecer como el humo que me rodea.
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